Revelación . . .
Ultimamente me sentía un poco culpable con la salud del planeta porque tengo la costumbre de tirar lo que sobra del pan después de comer por la terraza de la cocina (es decir, el currusco) porque me "da cosa" desperdiciar ese pequeño alimento. Pero hoy realmente he descubierto que hago lo correcto.
Generalmente suelo tirarlo después de cenar por lo que nunca se que ocurre con el pequeño currusco porque no veo ni torta de la calle a esas horas de la noche, pero hoy el currusco ha sido lanzado a las cuatro de la tarde y he presenciado una escena en la que dos pajaros han salido volando de la nada en cuanto el pan ha empezado a volar... y tras el impacto con el suelo ya había cuatro pájaros (que los he contado,eh?) adorando al pan como si fuese una fogata en un día de invierno.
Hoy me siento como una de esas chicas de los anuncios de compresas y seguiré con mi cruzada por el bien de los gorriones de mi parque.